«Abre.» Una sola palabra, dicha en voz baja, con una cuchara en la mano. Itziar abre la boca. Y ya no vuelve a dormir tranquila.

Itziar tiene veintiocho años, once de oficio y un juego de cuchillos envuelto en una toalla.

Ha cruzado el país para trabajar seis meses a las órdenes de la mujer a la que admira desde los diecisiete: Alazne Arrieta, la chef de la casa de piedra.

Cuarenta y cuatro años, dos estrellas, la voz grave y unas manos que saben exactamente cuánta presión aguanta una cosa antes de romperse.

A Itziar siempre le han gustado los hombres. Por eso no entiende por qué se le eriza la nuca cada vez que la chef pasa por detrás. Por qué le late la muñeca donde ella la ha sujetado. Por qué, de noche, sola en su cama, la mano se le va sin permiso y tiene que pararla.

Alazne sí lo entiende. Lleva semanas mirándole la boca.

Empieza con un dedo que le roza el labio.

Con una cámara a dos grados, una camiseta demasiado fina y una frase que la chef no consigue terminar.

Sigue en la bodega, con el cerrojo echado y la ropa puesta, hasta que a Itziar le tiemblan las piernas.

En un cuarto de manteles, con cuarenta comensales al otro lado del tabique y una mano tapándole la boca.

Sobre el acero frío de la cocina, a medianoche, cuando por fin no queda tela entre las dos.

Alazne sabe. Itziar aprende. Despacio, con las manos, con la boca, pidiendo que le digan dónde y cuánto. Y aprende deprisa.

Pero Getaria es un pueblo pequeño, hay una tercera estrella en juego y un socio que lo ve todo. Y lo que empezó como hambre se está convirtiendo en algo que ninguna de las dos sabe cómo esconder.

Oído, chef es una novela para leer despacio y con la piel encendida: dos mujeres, una cocina y un deseo que se cuece a fuego lento hasta que arde.

Comentarios (0)

Escribir reseña
Comentar como usuario