Su trabajo es decir dónde puede tocarla. El de él, hacerlo exactamente como ella lo ordena.
Vera Solís es coordinadora de intimidad. En un rodaje, su trabajo es que cada caricia esté pactada, medida y firmada: dónde va una mano, cuántos segundos dura un beso, cuándo se dice «corten». Tiene un cronómetro, un protocolo y una sola regla que no ha roto jamás.
Darío Quintana es doble de cuerpo. Veinte años prestando la espalda, las manos y la piel a actores que no se desnudan. Callado, imposible de leer, con unos ojos verdes que no dicen nada y un cuerpo que lo dice todo.
Nueve semanas en Lanzarote. Una casa excavada en la lava. Un director dispuesto a saltarse cualquier límite. Y catorce escenas de sexo que Vera tiene que diseñar, gesto a gesto, para el cuerpo de un hombre al que no debería desear.
Lo prepara todo: la distancia, el ritmo, la respiración. Lo que no puede preparar es lo que le pasa a ella cada vez que le dice «más despacio» por el auricular… y él obedece.
Un centímetro entre dos bocas al amanecer, en lo alto de un acantilado. Un ensayo que se les va de las manos. Un hotel vacío donde todo se oye. Y una pregunta que ninguno de los dos se atreve a hacer en voz alta: ¿qué pasa cuando ya no hay cámara?
Fuera de plano es una novela erótica de combustión lenta y alto voltaje: tensión sostenida hasta lo insoportable, deseo adulto sin eufemismos y una isla de viento, sal y volcanes como escenario. Porque lo que de verdad importa nunca sale en la película.
Novela erótica para adultos. Contiene escenas de sexo explícito, lenguaje directo, juegos de control consentidos e infidelidad. Lectura recomendada para mayores de 18 años.









