Clara Cid tiene un plan para todo. Hugo Alda no estaba en ninguno.
Clara adora el orden, las agendas y las cosas que salen según lo previsto. Tiene una carrera profesional de la que se siente orgullosa, una vida perfectamente organizada y una decisión que tiene clarísima: no complicarse la existencia por un hombre.
Hasta que Hugo Alda aterriza en Madrid.
Él vive en Nueva York, dirige su propia empresa y tiene todo lo que Clara considera peligroso: una sonrisa matadora, una facilidad pasmosa para hacerla reír y un talento especial para poner su mundo del revés.
Hugo ha venido a Madrid para impartir un prestigioso programa en la Fundación Aristeo. Y Clara, que fue quien propuso contar con él, es la encargada de coordinarlo y conseguir que todo salga perfecto.
Lo que no entraba en sus planes era acabar deseando besar al ponente.
Treinta días trabajando juntos. Un hombre que rompe todos sus esquemas. Y un billete de vuelta a Nueva York.
Clara está decidida a mantener las distancias. Hugo parece empeñado en demostrarle que improvisar puede ser mucho más divertido.
Lo que pasa es que Hugo no solo consigue sacarla de quicio. También la desarma cuando menos lo espera, la mira como si pudiera leerle el pensamiento y la besa hasta hacerle olvidar sus tres reglas más importantes:
No complicarse la vida. No perder el control. Y, sobre todo, no enamorarse de alguien que vive al otro lado del océano.
Pero noviembre se acaba.
Clara tiene su vida en Madrid. Hugo tiene la suya en Nueva York. Y lo que empezó como un mes de trabajo está convirtiéndose en algo que ninguno de los dos quiere perder.
Porque el verdadero problema no son los treinta días que van a pasar juntos, sino imaginarse el día treinta y uno sin el otro.
Una comedia romántica divertida, sexy y emocionante sobre una mujer que necesita tenerlo todo bajo control y un hombre que llega para demostrarle que las mejores cosas de la vida nunca aparecen en la agenda.








