Marina Valdés ha pasado media vida aplazando todo lo que de verdad importaba.

A los cincuenta y dos años, cuando su oncóloga le explica que el único tratamiento que queda ofrece muy pocas posibilidades de ayudarla y un coste físico demasiado alto, Marina toma la decisión más difícil de su vida: dejar de perseguir el tiempo y empezar a habitarlo.

Así llega a Puerto de las Salinas, un pequeño pueblo costero donde la espera la casa de persianas azules que heredó de su tía Aurora.

Allí están también Menta y Pimienta, sus dos gatas con ideas propias; Fina, una vecina incapaz de respetar una distancia prudente; el peculiar Club de las Cosas Aplazadas y Daniel, aquel amor de verano que ahora restaura barcos y conserva una memoria demasiado buena.

Entre baños de mar, cenas improvisadas, cuadernos sin terminar, cartas antiguas y conversaciones familiares que nadie sabe cómo empezar, Marina descubrirá que aceptar cuidados no significa renunciar a la libertad,

que dejarse querer también puede ser una elección y que algunas historias no necesitan prometer para siempre para ser verdaderas.

Romántica, tierna, divertida y profundamente vital, Los días que todavía son míos es una novela sobre el amor adulto, las segundas oportunidades y el valor de vivir el presente sin esperar a que llegue el momento perfecto.

Una historia luminosa para emocionarse, sonreír y recordar que la vida también sucede mientras hacemos otros planes.

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