A Julia Gulliver la dejaron a dieciséis días de la boda. Por correo certificado. Con acuse de recibo, para que firmara de su puño y letra que la estaban dejando.
Julia cataloga objetos perdidos y conoce la única norma que de verdad importa: lo que nadie reclama en noventa días pasa a ser de quien lo guarda. Así que una noche tira al mar el anillo que le devolvieron. Pero el mar, en lugar de tragárselo, viene a por ella. Y la archiva como lo que es: un objeto no reclamado.
Despierta en una isla con un número cosido a la manga y pasaje de ida por la Oficina de Naufragios Sentimentales, que procesa corazones rotos isla a isla hasta dejarlos «saneados». En cada orilla la espera el mismo hombre de ojos grises: tararea la nana de su madre muerta, sabe de ella cosas que no debería, y pierde un pedazo de sí mismo cada vez que vuelve a verla.
Para salvarlo, Julia tendrá que hacer lo único que se le da bien en el mundo: leerse el reglamento mejor que quienes lo escribieron.
Una comedia romántica luminosa y disparatada sobre soltar lo que no nos supieron querer, reclamar lo que sí, y descubrir que a veces el imposible solo estaba mal archivado.
- Epílogo — La oficina nueva 02 jun.
- Capítulo 23 — Tierra 02 jun.
- Capítulo 22 — La reclamación #2 02 jun.
- Capítulo 22 — La reclamación 02 jun.
- Capítulo 21 — Los fragmentos del nombre 02 jun.
- Capítulo 20 — El ascenso 02 jun.
- Capítulo 19 — El expediente robado 02 jun.
- Capítulo 18 — El explorador sin orilla 02 jun.






