Dos viejos amigos, tomates, pulpos, cangrejos, sol y sal La receta perfecta para el amor

CARMEN

Nilo Rubio, mi mejor amigo hasta los dieciocho, ha regresado después de veinte años de ausencia, lo que abre el cajón de mis recuerdos más dolorosos.

¿Lo abre? No, lo está haciendo explotar.

Su regreso no entraba en mis planes, menos aún en este momento de mi vida donde todo está patas arriba.

¡Como si no tuviera bastante! Por la Virgen del Carmen, ¡¿qué he hecho yo para merecer esto?

! Ah, sí, tener mi negocio al lado del suyo.

Ese que ha heredado de sus padres; ese que le arrebataron a los míos.

Encima ha tenido la cara dura de decirme que tiene una oferta que hacerme. Y yo le he dicho, brazos en jarra:

—Yo también tengo una oferta para ti, Nilo Rubio: 21 en viajes de ida sin retorno al rincón más alejado de esta playa.

¡Si te vuelvo a ver por aquí, te frío como a los salmonetes!

¿Me hará caso? No lo sé, pero os juro que estoy a punto de meter la cabeza en la freidora para no verlo más.

NILO

Algunas veces, dos minutos bastan para olvidar a alguien. Otras, ni siquiera veinte años lo consiguen.

Llevo dos décadas pensando en el error que cometí, en la manera de arreglar el daño que hice, en el modo de volver a ver la sonrisa de Carmen, esa que con solo mirarla hace que mi corazón lata más fuerte.

Pero mi cobardía y la vergüenza siempre me han frenado los pies.

Y también ese otro asunto en el que no quería meterme.

Sin embargo, ahora.. creo que es el momento.

Aunque teniendo en cuenta que me ha bufado como los gatos en cuanto me ha visto, es posible que cualquier intento sea en vano.

Si la herida lleva abierta veinte años, ¿harán falta otros veinte para sanarla?

No sé, solo sé que quiero a Carmen Alborán.

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