Bexley Hargrove sabe predecir un tornado con horas de antelación. Lo que no vio venir fue a Zane Kestrel.

Seis años después de una noche en Norman que terminó con una nota escrita con pintalabios y ninguna llamada, Bex ha construido la carrera que siempre quiso: dirige el proyecto de investigación de tormentas más ambicioso del centro de Texas.

Lo único que le falta para conservar la financiación es un codirector.

Y claro que tiene que ser él.

Zane es exactamente como lo recordaba: irritantemente bueno en su trabajo, imposible de ignorar, y con la costumbre insoportable de decir la verdad en el peor momento posible.

Bex tiene una norma muy clara: nada de mezclar ciencia con sentimientos.

Pero entre despliegues de campo, tormentas que no dan tregua y una atracción que seis años no consiguieron enfriar, esa norma empieza a resquebrajarse.

Con humor, mucha química y algún que otro tornado de por medio, Presión atmosférica es una novela sobre segundas oportunidades, sobre aprender a confiar otra vez, y sobre esa clase de amor que, como las mejores tormentas, se ve venir mucho antes de que estés preparada para él.

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