Capítulo 32 #3
Dutch se limitó a sonreír, sin responder, y se despidió poco después con un abrazo breve pero genuino, dejando a Bex con la certeza cada vez más firme de que absolutamente todo su círculo cercano estaba compinchado en algo que ella todavía no terminaba de descifrar del todo.
• • •
Esa noche, después de que Georgia se marchara y las maletas quedaran finalmente listas junto a la puerta, Bex y Zane cenaron algo sencillo en la cocina, disfrutando de la tranquilidad de la última noche antes de un viaje cuyo destino Bex todavía desconocía por completo.
—¿Nerviosa? —preguntó Zane, sirviendo dos copas de vino con una calma que contrastaba con el brillo particular en sus ojos, un brillo que Bex había empezado a reconocer como la expresión que él ponía cuando algo le importaba de verdad.
—Un poco. Aunque no sé exactamente de qué, considerando que ni siquiera sé adónde vamos.
—Eso es parte del encanto, ¿no crees? La anticipación sin saber los detalles.
—Depende de a quién le preguntes. A mí me está costando bastante disfrutar de la anticipación sin más información.
Zane se rió, sentándose frente a ella con su propia copa, y se quedó un momento mirándola con una expresión que Bex no supo interpretar del todo, algo entre la ternura y una seriedad contenida que no era habitual en él fuera de los momentos más importantes de su relación.
—¿Puedo decirte algo, sin dar ninguna pista sobre el viaje? —preguntó, finalmente.
—Claro.
—Llevo meses pensando en lo afortunado que soy de tenerte en mi vida.
Desde aquella reunión incómoda en la sala de conferencias hasta ahora, has sido la persona que me ha enseñado más sobre lo que significa realmente comprometerse con algo, con alguien, sin necesitar garantías absolutas de que todo va a salir perfecto.
—Zane, eso suena sospechosamente a un discurso preparado.
—Puede que lo sea. O puede que simplemente sea lo que siento, y he decidido decírtelo esta noche, antes del viaje, sin ninguna razón oculta.
Bex sonrió, sintiendo que el corazón se le aceleraba de una manera que no tenía nada que ver con la ansiedad habitual, sino con algo mucho más cálido, más esperanzador, y se acercó a él por encima de la mesa para besarlo, sin necesitar ninguna palabra más para expresar lo que aquel discurso improvisado, sospechoso o no, había despertado en su pecho.
—¿Puedo hacerte una pregunta a cambio? —dijo Bex, cuando se separaron, con una curiosidad que no pudo contener del todo.
—Depende de la pregunta.
—¿Alguna vez, en todo este año, dudaste de que llegaríamos hasta aquí? Con todo lo que pasamos, Ashworth, Odessa, el susto de West, la grieta de Oklahoma.
Zane se quedó pensando la respuesta con la misma seriedad que aplicaba a cualquier decisión importante, sin apresurarse a responder algo que no sintiera del todo cierto.
—Hubo momentos de duda, sí. Sobre todo durante los nueve días que estuviste en casa de Georgia.
Pero nunca dudé de lo que sentía por ti, ni una sola vez.
Dudé de si sería capaz de demostrártelo de la manera correcta, de si encontraría las palabras adecuadas en el momento adecuado. Pero de lo que sentía, nunca.
—Esa es una distinción importante.
—Lo es. Y creo que es la misma distinción que tú misma has hecho, a tu manera, cada vez que has decidido quedarte a pesar del miedo.
Bex asintió, reconociendo la verdad de aquellas palabras, y se quedaron un rato más en la mesa, terminando la cena entre conversaciones más ligeras sobre el año que dejaban atrás, riéndose de anécdotas compartidas que ya empezaban a sentirse como historias entrañables en lugar de heridas recientes.
Terminaron de cenar entre risas y anécdotas del año que dejaban atrás, y cuando finalmente se fueron a dormir, con las maletas ya preparadas para el vuelo de la mañana siguiente, Bex se quedó un momento despierta, mirando el techo del dormitorio, repasando mentalmente cada pequeña señal que había acumulado durante las últimas semanas: la palabra "anillo" escuchada sin querer, la actitud extraña de Marguerite, el comentario cargado de Arthur, la promesa a medias de Georgia, la visita sospechosa de Dutch.
Todas las piezas parecían apuntar hacia la misma dirección, y por primera vez en mucho tiempo, permitió que la esperanza, en lugar del miedo, fuera la emoción predominante mientras se quedaba dormida, expectante por lo que fuera que la mañana siguiente les tuviera preparado.
—¿Lista?
—Llevo lista toda la semana.
—Entonces vámonos. Nos espera un vuelo.
Bex cerró la puerta del apartamento detrás de ellos con una última mirada hacia el interior, hacia el hogar que habían construido juntos a lo largo de aquel año extraordinario, y siguió a Zane hacia el coche con el corazón latiéndole a un ritmo que ningún modelo de predicción podría haber calculado con exactitud, consciente de que, fuera lo que fuera lo que les esperaba al final de aquel vuelo misterioso, estaba a punto de vivir uno de los momentos más importantes de toda su vida, rodeada, aunque todavía sin saberlo del todo, del cariño silencioso de cada persona que había ayudado a construir aquel momento sin que ella se enterara de nada hasta el último instante posible.