Hay palabras que se escriben por encargo. Otras te encuentran solas.
Valeria Montoya escribe discursos de boda para quienes no saben qué decir. Tiene reglas: no opina del amor ajeno, no se enamora de los clientes y no va a las bodas. Tampoco habla de su abuela Chela desde hace dos años.
Entonces llega Rodrigo, un novio que lo tiene todo medido, menos una sola línea sobre la mujer con la que se va a casar. Y llega su padrino, Joaquín: actor de doblaje con treinta y siete voces, ninguna de ellas la suya, y una puntualidad que no existe.
Con la fecha encima y un brindis en blanco, los tres firman un pacto con cláusulas. Pero Valeria descubre que sacarle la verdad a un hombre que no sabe sentir en voz alta es más fácil que mantenerse lejos de su mejor amigo.
Una comedia romántica de combustión lenta, con proximidad forzada, humor mexicano y un duelo que por fin pide ser nombrado. Sin escenas explícitas. Con final feliz.
A veces lo más difícil no es escribir el discurso. Es decir algo verdadero.






