Alicia solo quería abrir una cafetería. No esperaba tener que discutir con la alcaldesa. Y mucho menos querer besarla.
Después de quince años trabajando en publicidad, Alicia ha dejado Madrid para empezar de cero en Puerto de Lúa, un pequeño pueblo de la costa cántabra.
Tiene una cafetería recién estrenada, unos ahorros que desaparecen a velocidad preocupante y cuatro mesas de terraza que el ayuntamiento se resiste a autorizar.
Por si fuera poco, van a levantar la plaza justo delante de su negocio.
En el ayuntamiento se encuentra con Beatriz, una alcaldesa que no está dispuesta a saltarse las normas por nadie. Alicia, por su parte, tampoco piensa resignarse a perder su terraza sin protestar.
Lo que ninguna de las dos había previsto es lo complicado que iba a resultar mantener las cosas en el terreno estrictamente profesional.
Porque Beatriz intenta hacer bien su trabajo. Alicia solo quiere que la dejen trabajar. Y entre cafés, reuniones municipales y vecinos que parecen saberlo todo antes que ellas, empieza a resultar bastante difícil fingir que lo suyo es un asunto exclusivamente administrativo.
Porque enamorarse ya tiene sus dificultades. Hacerlo de la alcaldesa de un pueblo donde nadie sabe meterse en sus asuntos es otro nivel.
Una comedia romántica sáfica con protagonistas adultas, humor cotidiano, vecinos entrañables y un amor que llega cuando ninguna de las dos esperaba complicarse la vida.






