Cerré los ojos ante la cara absorta de Rafa situada a dos centímetros de la mía.

—Sí… así, No pares, por favor…

—Quiero que me lo cuentes. No te hagas más de rogar.

Al abrir los ojos vi que me miraba fijamente y me hacía un gesto de asentimiento animándome a hablar. Yo trataba de mantenerme fría y no caer en sus provocaciones. Aquella mirada y aquella insistencia de nuevo.

—¡Deja de preguntarme eso! — dije entre gemidos.

¿A qué viene que últimamente me pregunte por mis relaciones pasadas?

¿Cree que voy a caer en la trampa? Aunque tengo que reconocer que lleva mucho tiempo sin mostrar su cara más celosa, no quiero abrir ese melón.

Sus celos ya nos costaron nuestra relación en el pasado, y no pienso volver a tropezar en esa piedra.

Percibo cierta frustración en su gesto, como si mi negativa le dificultase alcanzar lo que busca con desesperación. Para compensarle, le susurro algo. Es como si hubiese activado un interruptor. De repente, se echa hacia atrás…

—¿Por qué te niegas? —preguntó con cierto enfado en la voz.

—¿A hablarte de mis antiguos amantes? Porque te conozco, Rafa. Eres celoso, y seguro que, a la larga, eso nos traerá problemas.

—Eso era antes, cuando era inseguro, y debía mantener una relación a distancia con una tía a la que perseguía todo el mundo. Eras la chica más guapa de la universidad, y yo estaba en Estados Unidos sin poder hacer nada. Eso ahora ha cambiado.

—¿El que fuese la chica más guapa? —dije fingiéndome ofendida.

—El estar en Estados Unidos sin poder hacer nada. —dijo besándome en los labios con su habitual suavidad…

¿Cómo pasa un novio celoso a desear lo que ahora desea como marido? ¿Cómo ha llegado a convertir sus peores miedos en su mayor excitación? ¿Cómo llega a disfrutar lo que antes no podía soportar?

Teresa asiste incrédula a una metamorfosis de la personalidad de su marido, que no sabe hasta donde llegará.

¿Te animas a descubrirlo con ellos?

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