CUANDO VUELVA TE LO CUENTO 16. ¿Por qué no te conformas con esto?
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16. ¿Por qué no te conformas con esto?

¿Por qué no te conformas con esto?

—¿Por qué no te conformas con esto? Para mí eres más que suficiente. No necesito buscar fuera lo que ya me das tú en casa. Nos lo pasamos muy bien nosotros solos sin necesidad de hacer cosas raras.

Estábamos reponiéndonos de una monumental noche de sexo.

La tarde de compras y el pase de modelos habían tenido un efecto inesperado en nosotros, y nos habíamos entregado con pasión el uno al otro.

Rafa había cumplido su promesa de no meter a terceros mientras lo hacíamos, pero a pesar de ello había sido fantástico.

Me sentía liberada sin la sombra de las fantasías de siempre a nuestro alrededor.

Él estaba tumbado de lado, apoyado en un codo, mirándome. El sudor todavía se le secaba en el pecho. Yo tenía las piernas entreabiertas, la sábana a media altura, y el cuerpo me zumbaba con ese cansancio dulce que solo deja el sexo cuando es de verdad bueno.

—¿Alguna vez te has parado a pensar que quizás estamos tan compenetrados y tan excitados precisamente gracias a eso?

—preguntó él con calma—. Al final, lo que hemos hecho hoy es preparar una nueva situación morbosa.

La elección de los vestidos, la compra de las sandalias…

todo eso lo hemos hecho para que gustes, y tú también.

No lo niegues. Te gusta gustar, y a mí me vuelve loco.

Me giré hacia él. No podía negar la parte de la verdad que había en sus palabras.

Me había visto en el espejo con el vestido negro de cristales y los tacones rojos y me había gustado lo que veía.

Me había gustado su mirada. Me había gustado el poder de ese momento.

Pero una cosa era disfrutar de la preparación y otra muy distinta volver a cruzar la línea como las dos veces anteriores.

—Pero no quiero volver a hacerlo —dije—. O por lo menos no de la forma en la que lo hemos hecho estas dos veces.

Rafa frunció el ceño, atento.

—¿Qué quieres decir? ¿A qué te refieres con lo de la forma en la que lo hemos hecho?

Me tomé unos segundos. Quería ser precisa.

—No quiero sentir que te estoy siendo infiel, aunque sea de forma consentida.

No quiero mandarte fotos, ni contarte lo que me ha hecho mi amante mientras tú estás en otra habitación o en casa.

No quiero volver a casa oliendo a otro y que tú me limpies como si fuera un trofeo.

Quiero que participes de forma activa. Si no lo haces, no lo volveré a hacer.

Él se incorporó del todo, sentándose en la cama. La sábana se le resbaló hasta la cintura. Me miró con una mezcla de sorpresa y de algo que parecía interés genuino.

—¿Me estás proponiendo algo en concreto?

—No lo sé todavía. Solo digo que quiero que participes. —admití—. No tengo un guion preparado. Solo tengo claro lo que ya no quiero. Lo otro… lo otro habría que hablarlo. Despacio. Sin prisas. Y sin que se convierta en otra de tus campañas de presión.

Hubo un silencio breve.

—Entonces no es solo que quieras que mire —dijo despacio—. Quieres que forme parte.

—Claro. Tiene que haber una fórmula donde tú no seas solo el que espera y el que escucha el relato después.

Porque si no… yo me retiro. En serio. Prefiero quedarme con lo de esta noche.

Con el desfile de modelitos que montamos, con el sexo nuestro, con la forma en que me has mirado. Y cerrar el resto.

—Pero yo no quiero que dejes de hacerlo —dijo al fin—. Aunque tampoco quiero hacer algo que a ti no te guste. Así que… hablémoslo. Sin que yo intente llevarte donde quiero. Pon tú las líneas y yo las respetaré.

Me acerqué un poco más a él. Apoyé la frente en su hombro.

—La situación debería ser perfecta para mí.

Tengo un marido que me anima a follar con otros, y cuantos más cuernos le pongo, más se excita.

Desde que hemos adoptado esta dinámica, y exceptuando el problema con mis padres, todo ha sido estupendo entre nosotros.

Me imagino que cualquier mujer estaría encantada de encontrarse en mi situación.

Pero no es lo que quiero. Te quiero conmigo.

—Si eso es lo que quieres, lo tendrás. Te lo prometo. Sólo déjame pensar algo.