Fueron cuatro palabras. Perfecto, adelante con esta. Celia Olmedo llevaba veintiséis horas despierta y no abrió el desglose de capas, así que no vio que el pueblo del anuncio era un compuesto de cuatro sitios distintos y que ninguno se llamaba Valdelumbre.
Lo vio Iñigo Arce, fotoperiodista, y lo desmontó en público en dieciséis imágenes.
La reparación son siete fines de semana de otoño por la España que sí existe, un episodio publicado cada lunes y un acuerdo incómodo: ella controla la producción y él tiene derecho de veto sobre cada plano. Ella decide qué se rueda. Él decide qué se puede enseñar.
Lo que no había previsto ninguno de los dos es que la parte difícil no iba a ser el trabajo.
Cada semana tienen que elegir qué mostrar, qué callar y qué están dispuestos a perder, y cada una de esas decisiones cambia a la vez la campaña, el sueldo de siete personas, un pueblo de doscientos ochenta y un habitantes y lo que empieza a pasar entre ellos.
Una comedia romántica adulta sobre el trabajo bien hecho, sobre quién da permiso para aparecer en una imagen y sobre lo caro que sale fabricar algo que parezca espontáneo.
De enemigos a aliados. Tensión profesional. Lluvia, trenes y pueblos con una sola panadería. Un paraguas amarillo que no llega entero al final.
Un otoño casi perfecto es el primer libro de la serie Casi perfecto.







