El peor día en la vida de Alexis Gardiner terminó con ella en el fondo de una ladera, cubierta de barro y con el tacón roto por culpa de una tetera vieja. O eso creía.
Everard Wolfe lleva siglos saliendo de esa lámpara para concederle tres deseos a quien la encuentra.
Es tan guapo que quita el aliento y tiene la mala costumbre de aparecer detrás de Alexis sin hacer ruido.
La sigue al trabajo. Opina sobre su ropa.
Y se mete con el abogado por el que ella lleva dos años suspirando. En definitiva, es insoportable.
Las reglas son pocas y fáciles de seguir: nada de cambiar la historia y nada de obligar a nadie a enamorarse. Más allá de eso, Alexis puede pedir cualquier cosa. Una casa nueva. Un coche que funcione. O un jet privado que la lleve a las Bahamas cuando le apetezca.
Pero lo que nadie le explicó es la letra pequeña: que el día que formule el tercer deseo, Everard volverá a la lámpara y ella no lo verá nunca más.
Y, a estas alturas, eso ya no le parece tan buena idea.






