Patricia puede tocar a un desconocido a oscuras. El problema empieza cuando lo reconoce a plena luz.
Tiene cuarenta y cinco años, una gestoría que mantener bajo control y pocas ganas de explicar por qué se ha apuntado a SIN MIRAR: una experiencia para adultos donde dos desconocidos se encuentran con los ojos vendados, límites pactados y la posibilidad de elegirse otra vez.
Andrés la hace reír. Pregunta antes de tocar. Escucha cada límite. Y, detrás del antifaz, Patricia se permite desear con una libertad que fuera de esa habitación le cuesta bastante más.
Hasta que una noche lo encuentra en el cumpleaños de una amiga.
Él no la reconoce.
Patricia sí.
Ahora debe decidir si cancela la siguiente sesión o vuelve a entrar sabiendo quién está al otro lado mientras Andrés continúa a oscuras. Porque lo que empezó entre dos desconocidos ya tiene una voz, unas manos y una vida fuera de aquella habitación.
Y si ambos deciden seguir, llegará un momento en que tocarse será la parte sencilla.
Romance erótico contemporáneo con protagonistas de cuarenta y tantos y escenas sexuales explícitas entre adultos.






