Carmen tiene un amante.

Su marido lo sabe.

Y lo más perverso es que cada vez quiere saber más.

Julián debería odiarla por acostarse con otro hombre. Debería exigirle que lo dejara. Debería divorciarse.

Pero empieza a esperar sus regresos. A imaginar lo que ha hecho. A atormentarse con los detalles.

Y Carmen descubre algo todavía más peligroso:

ver a su marido consumido por los celos empieza a gustarle.

Lo que nació como una infidelidad está a punto de convertirse en algo que ninguno de los dos se habría atrevido a confesar.

Ella quiere seguir siendo su esposa.

Él empieza a querer compartirla.

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