Mason está preocupadísimo porque ha perdido a su gata.
Pero cuando descubre que la hija de su guapísimo —y muy heterosexual— vecino se la ha llevado, decide tomar cartas en el asunto.
Aunque para ello tenga que llamar a la puerta del vecino buenorro que ni siquiera se digna a saludarlo cuando se cruza con él.Aunque para ello tenga que enfrentarse a un miedo aún mayor:
tener que hablar otra vez con esa niña.
No le gustan los niños, son raros y complicados, y él quiere una vida tranquila y sencilla: quedar con el chico que le gusta de Soul Finder, la aplicación de citas que promete darle un futuro amoroso brillante, y volver a casa con sus seis gatos —ahora cinco— y sus dos perros.
Grant no espera encontrarse a su vecino, el loco de los gatos, frente a su puerta justo en la noche en la que su cita de Soul Finder —la aplicación en la que se dio de alta porque su exmujer casi casi lo obligó a punta de pistola— lo ha dejado tirado por tercera vez.Siempre que ve a su vecino, lo rehúye;
es guapo a rabiar, extraño y él no necesita complicaciones en su vida.
Quiere paz junto a su niña de nueve años, seguir grabando sus programas de cocina y organizar caterings para los mejores restaurantes de la zona.
Pero cuando encima descubre que el loco de los gatos —también conocido como el paseador de perros— tiene aversión a los niños, el «no» en luces de neón no puede ser más claro. Mason y él no están destinados a ser.
¿O sí?
Seis gatos, dos perros y una pareja quizá son muchas complicaciones. O quizá la receta infalible para triunfar en el amor.












