29 Grant
VEINTINUEVE
GRANT
Me sorprendo tanto cuando suena la aplicación de Soul Finder que a punto estoy de lanzar el teléfono al fregadero.
Lawrence de Arabia: Hijo, ¿estás ahí?
Remy: ¿Papá? ¿Eres tú?
Lawrence de Arabia: ¿Hijo?
Remy: Papá, no soy un poltergeist. Y Soul Finder no es una ouija. ¿Por qué me escribes por aquí? Parece que lo siguiente que me vas a decir es que vaya hacia la luz.
Lawrence de Arabia: Pues básicamente.
Remy: ¿Perdona?
Lawrence de Arabia: Tienes una cita. Una que va a traer luz a tu vida otra vez.
Remy: A mi luz no le pasa nada y no tengo ninguna cita. Voy a quedarme en casa, a hacer milhojas de espinacas y nueces, y a tomarme una copa de vino.
Remy: ¿Por qué me escribes por aquí?
Lawrence de Arabia: Porque me he quedado sin batería en el móvil y tenía la aplicación abierta en la tableta y…
Remy: ¿En la tableta de mi hija?
Remy: ¿Tienes descargada la app en la tableta de mi hija de nueve años?
Lawrence de Arabia: Bah. ¿Y qué? Si no hay nada que no pueda ver en mi perfil.
Bueno, déjame hablar, que es importante y muy urgente.
Estoy aquí con esa persona que había buscado para ti, ya sabes, «esa persona».
Y resulta que «esa persona» que tú no conoces para nada quiere verte. A ti. Con urgencia.
Remy: Papá, ¿estás hablando en clave?
Lawrence de Arabia: ¿Yo? ¿En clave? Qué va. Es solo que estoy aquí con la persona, ahora mismo, en vivo, y como NO os conocéis, estoy intentando cerrar una cita. Es importante.
¡¿Qué?! ¿Mi padre está con Mason? ¿Ha vuelto? ¿Por eso repite tanto lo de la persona y que no nos conocemos? ¿Le está leyendo lo que escribe?
No sé cómo reaccionar, el enfado y la tristeza se me pasan en cuestión de segundos y son reemplazados por los nervios y la incertidumbre. ¿Será posible que…?
Lawrence de Arabia: ¿Hijo?
Remy: ¿Está ahí contigo ahora mismo? ¿Y te ha dicho que quiere verme? ¿A MÍ?
Lawrence de Arabia: Así es.
Remy: Dile que quedamos en dos horas en el Moby Dick.
Dejo el móvil en la encimera. Me tiemblan las manos.
¿Ha vuelto? ¿Ha vuelto y quiere verme? ¿Y eso qué significa?
Llevo desde que se fue dándole mil vueltas a todo.
He pasado por todas esas etapas del duelo que en su día se le escaparon a mi padre.
Pero sin llegar a la aceptación; me he atascado un paso antes, en el de la tristeza.
Me he regodeado sobre todo en la fase de la ira; he estado enfadado e intratable la mayor parte del tiempo.
He hablado mucho con Martha. He escuchado mucho Lana del Rey.
He llorado. Mi ex me abrazaba y me decía que fuera a buscarlo, luego se bebía dos vinos y me aseguraba que, si ese malnacido no quería a nuestra Mabel, no me merecía.
Luego ambos —de madrugada y un poco más borrachos que sobrios— nos dábamos cuenta de que era imposible que no la quisiera, que ambos habíamos visto cómo era con ella.
En ese momento, me levantaba, cogía las llaves del coche y anunciaba que me iba a Winter Falls a por mi alma gemela y toda su jauría.
Martha me aplaudía y vitoreaba hasta que nos percatábamos de que no estaba en estado de conducir y aseguraba que lo haría al día siguiente.
Pero la mañana llegaba y, con la luz del día, volvían la rabia, la culpa y la tristeza.
Ahora que lo pienso, mis borracheras depresivas también pasaban por sus propias etapas del duelo.
Pero ahora está aquí, ha vuelto a casa y, por lo que me ha parecido entenderle a mi padre, sabe que su cita a ciegas —celestino mediante— soy yo, Grant Marshall, y quiere verme.
Pero ¿y si lo he entendido mal y lo que quiere es quedar con otro hombre?
Si eso pasa, me hundo. Y lo mato. Primero lo mato y luego me hundo. Pero, antes, voy esa cita.
Como diría la gran Lana: tener esperanza es muy peligroso…, pero, aun así, la tengo.