Hay una masa que lleva setenta años pasando de casa en casa. Carlota la mató en tres minutos.

Carlota Arranz organiza rutas de reparto en Madrid y sabe resolverlo todo sola.

Por eso, cuando su abuela se rompe la muñeca y le deja a cargo el reciento del pueblo, la masa madre con la que doce mujeres cuecen su pan todos los sábados en el horno comunal, cree que va a ser el mes más fácil de su vida.

Lo escalda el primer viernes.

Sin esa masa no hay pan. Sin pan no hay caridad de San Roque, la que Fuentelhorno reparte cada dieciséis de agosto desde antes de que hubiera carretera.

Y el único sitio del valle donde queda un pellizco de ese mismo fermento es la panadería de Cañadalba, el pueblo de enfrente, el de la familia a la que aquí llevan setenta años llamando ladrones.

El panadero se llama Julián Heredia. Le dará trabajo de noche en el obrador. La masa, no.

Él sí se acuerda de ella. Ella todavía no sabe que aquel niño del arroyo era él.

Quedan cuarenta y seis días para San Roque.

Una historia de pan, de pueblo, de dos abuelos que se callaron demasiado tiempo y de un verano en el que todo el mundo tiene que aprender a pedir.

Romance limpio y con humor. Sin escenas explícitas. Para todas las edades.

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