«Me ofreció un cheque por la noche que habíamos pasado juntos. Un mes después, me lo encontré presidiendo la mesa del edificio donde trabajo.»

JULIETTE MOREAU

Llegué a París con un esqueje de lavanda, un estudio de veinte metros cuadrados y el tratamiento de mi madre por pagar. Aquella noche no debería haber estado allí: entré en una recepción del mundo del lujo con la invitación de otra mujer.

En la terraza, él me puso su chaqueta sobre los hombros. Solo me dijo su nombre. Yo no pregunté nada más.

Y acabé en su cama.

A la mañana siguiente, mi bolso estaba abierto sobre la mesa de la cocina. El hombre que me había abrazado toda la noche me concedió quince minutos, un coche con chófer y un talonario de cheques.

«No sea mezquina».

Le devolví todo. Menos el orgullo.

RAPHAËL DUMONT

Leo a las personas como leo un perfume: nota de salida, nota de corazón, nota de fondo. Hace siete años, la mujer con la que iba a casarme me traicionó bajo mi propio techo, y yo no olí nada. No volverá a pasar.

Una invitación con el nombre equivocado me bastó.

Y entonces la encuentro en mi sede. Con mi acreditación. Dentro de mi grupo.

Y todo me dice que es una espía.

Él la pone a prueba con encargos imposibles. Ella responde con recibos, protocolos y un olfato capaz de tumbar un lote delante de toda la sala. Pero cuando un secreto de la maison acaba en manos de la competencia, la acusación ya tiene nombre: el suyo.

Y Juliette guarda un secreto que nadie, en ese edificio, conoce. Un secreto que crece desde aquella primera noche.

Un CEO que jura que nunca se equivoca. Una mujer que no pide que la salven, solo que la crean.

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