Nina Solberg ha aprendido a mantener las distancias.

Ocho años como paramédico en Seattle le han enseñado a salvar vidas sin llevarse nada a casa...

hasta que un shock anafiláctico en mitad de una feria de food trucks la pone de rodillas junto a Stephen Ashcombe, un informático con la vida tan organizada como su calendario de reuniones, y con una sonrisa torcida que se le queda grabada mucho después de entregarlo en urgencias.

Stephen no tiene intención de dejar las cosas así.

Se presenta en la estación de bomberos con una caja de cruasanes y una excusa poco convincente, y empieza a aparecer, casualidad tras casualidad, en la misma vuelta al lago que ella corre cada semana.

Lo que empieza como un simple agradecimiento se convierte en algo que ninguno de los dos había planeado: él, el hombre que agenda hasta lo espontáneo; ella, la mujer que no deja que nadie se acerque lo suficiente como para hacerle daño.

Pero cuando a Nina le ofrecen un puesto en la unidad federal de rescate más exigente del país —y el pasado de Stephen llama a la puerta en la persona menos esperada— los dos van a tener que decidir si el amor también se puede entrenar, se puede sostener a distancia, y se puede elegir cada día,

aunque nada salga según lo previsto.

Una historia sobre aprender a confiar en alguien cuando el instinto te dice que huyas, y sobre lo que de verdad significa estar presente para otra persona.

Comentarios (0)

Escribir reseña
Comentar como usuario