Nunca en mi turno (Entre nosotros 2) CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

La videollamada se cortó tres veces antes de que consiguieran mantener una conexión estable, y cuando por fin la imagen de Nina se estabilizó en la pantalla del portátil de Stephen, ella tenía el pelo recogido en una trenza deshecha y ojeras que hablaban de semanas de entrenamiento sin descanso suficiente.

—Cuéntamelo otra vez, despacio —dijo Nina, después de que Stephen le resumiera la conversación con Vanessa en la gala—. Porque por teléfono suena a que te ha afectado más de lo que quieres admitir.

—Me afectó un poco, sí. Pero no de la manera que crees. No sentí que quisiera volver con ella. Sentí que por primera vez pude ver la ruptura de una forma distinta a como la había estado viendo estos dos años.

—¿Y cómo la ves ahora?

—Antes pensaba que Vanessa se fue porque yo era demasiado organizado, demasiado predecible, y que si hubiera sido distinto ella se habría quedado.

Ahora creo que se fue porque quería otra vida, con otra persona, y que probablemente se habría ido igual aunque yo hubiera sido el hombre más espontáneo del mundo.

No fue un fallo mío. Fue simplemente que no encajábamos.

Nina se quedó en silencio un momento, mirando la pantalla, y Stephen notó que algo en su expresión no terminaba de relajarse del todo.

—¿Qué pasa? —preguntó él.

—Nada. Es solo... llevo semanas aquí, agotada, aprendiendo a manejar escombros de hormigón y perros de rescate, y de repente me entero de que tu ex apareció en una gala y te dijo cosas sobre tu manera de estar presente, y no puedo evitar preguntarme si en el fondo tiene razón.

Si estando yo aquí, lejos, tú estás aprendiendo otra vez a estar solo, y si eso, sin querer, te hace pensar en lo cómodo que sería estar con alguien que no se va tres meses de repente.

—Nina, eso no es justo.

—Puede que no lo sea. Pero llevo tres meses viviendo con el miedo de que mi trabajo, otra vez, sea el motivo por el que alguien a quien quiero acabe alejándose de mí.

—Yo no me estoy alejando.

—¿Estás seguro? Porque desde aquí, con la pantalla cortándose cada cinco minutos y tú contándome conversaciones con tu ex prometida que yo no puedo presenciar, todo me parece un poco más frágil de lo que quisiera admitir.

La discusión se extendió durante casi una hora, con las voces subiendo de tono en algunos momentos y bajando en otros, hasta que ambos se quedaron en silencio, cansados, mirándose a través de la pantalla sin saber muy bien cómo cerrar la conversación.

—Necesito colgar —dijo Nina al final, con la voz cansada—. Mañana tengo entrenamiento a las cinco de la mañana y no quiero seguir discutiendo así.

—Nina...

—Te quiero, Stephen. Eso no ha cambiado. Pero necesito pensar, y tú también deberías pensar en lo que de verdad sientes, sin la sombra de Vanessa metida en medio.

Colgó antes de que él pudiera responder, y Stephen se quedó mirando la pantalla en negro durante un rato largo, con la sensación incómoda de que, por primera vez desde que se conocían, no sabía exactamente cómo arreglar lo que acababa de pasar.