CAPÍTULO 14
Julian encontró a Stephen en la oficina un sábado por la tarde, con la pizarra de cristal cubierta de notas que no tenían nada que ver con Fenwick Systems y una taza de té —no de café, porque llevaba semanas sin poder mirar una cafetera sin pensar en Nina— completamente fría sobre la mesa.
—¿Qué es todo esto? —preguntó Julian, señalando la pizarra.
—Estoy intentando entender qué salió mal en la llamada con Nina.
—¿Y necesitas un diagrama de flujo para eso?
—Necesito algo, Julian. Llevo cuatro días sin saber qué decirle que no suene a excusa, y cada vez que lo intento me sale una frase perfectamente construida y completamente vacía.
Julian se sentó frente a él, se sirvió también un té de la tetera que Stephen había dejado sobre la mesa, y le dio un sorbo antes de hablar.
—¿Sabes cuál es tu problema, amigo mío? Que intentas resolver esto como si fuera un fallo de seguridad. Buscas la vulnerabilidad, la parcheas, y crees que con eso se soluciona todo. Pero Nina no es un sistema que necesite un parche. Es una persona que tiene miedo, igual que tú.
—¿Y qué hago con eso?
—Deja de intentar decir la frase perfecta. Dile la verdad, aunque sea desordenada, aunque no suene bien construida. Creo que es la primera vez en toda tu vida que te pido que seas menos organizado.
Stephen se quedó mirando la pizarra un rato más, y pensó en las semanas que llevaba desde que Nina se había ido, en cómo había aprendido a acostarse sin ella al lado, a comer solo sin sentir que le faltaba algo hasta que efectivamente le faltaba, a sostener una relación entera a través de una pantalla que se cortaba cada cinco minutos.
Pensó en Vanessa, en la gala, en la conversación que había desencadenado todo aquello, y se dio cuenta de que llevaba días centrado en defenderse de una acusación que Nina, en realidad, no le había hecho del todo.
Ella no lo había acusado de querer volver con Vanessa.
Le había dicho que tenía miedo. Y él, en vez de quedarse con ese miedo y sostenerlo con ella, se había puesto a explicar, a razonar, a construir argumentos, exactamente lo que hacía siempre que algo se le escapaba de las manos.
Esa noche llamó a Nina sin haber preparado nada, sin notas, sin la estructura habitual con la que organizaba hasta las conversaciones más importantes de su vida.
—Hola —dijo ella, con la voz cauta, cuando la llamada por fin conectó.
—No he preparado nada de lo que te voy a decir —empezó Stephen—.
Normalmente ensayo estas cosas, ya lo sabes, pero esta vez no quiero hacerlo, porque llevo cuatro días dándole vueltas a la manera perfecta de explicarte que no hay nada entre Vanessa y yo, y en el proceso se me olvidó lo importante, que es que tienes miedo, y que ese miedo es válido, y que en vez de acompañarte en él me puse a defenderme como si me estuvieras atacando.
Nina no dijo nada durante un momento, y Stephen la dejó en silencio, resistiendo el impulso de llenar el vacío con más palabras.
—Tengo miedo de convertirme en la razón por la que otra persona se aleja de algo que le importa —dijo ella al final—.
Mi madre se apartó de mi padre durante años, antes de que él muriera, porque no soportaba la incertidumbre de su trabajo.
Y aunque volvieron a estar juntos al final, yo crecí viendo esa distancia, ese miedo constante en su cara.
No quiero que tú tengas esa cara conmigo.
—No la tengo, Nina. Tengo miedo, sí, pero no del tipo que aleja a la gente.
Tengo el tipo de miedo que hace que quiera aprender a estar contigo de otra manera, aunque sea más difícil que lo que aprendí con Vanessa.
No quiero una versión de ti más cómoda para mí.
Te quiero a ti, con el trabajo que te importa y con las llamadas que se cortan y con las semanas en que no puedo verte la cara más que a través de una pantalla.
Nina sonrió, por primera vez en toda la llamada, y Stephen sintió que algo se destensaba dentro de él, como un nudo que llevaba días apretando sin darse cuenta.
—Me quedan dos semanas de entrenamiento —dijo ella—. Y luego una semana de permiso antes de la evaluación final. Ven a Sacramento. Quiero verte de verdad, no en una pantalla.
—Estaré allí el viernes.