—No la acepto.
Y, por si no había quedado claro, Adrian Langford rompió en cuatro pedazos la carta de dimisión de su asistente.
Pero Ruby ya había tomado una decisión. Iba a marcharse. Iba a recuperar su vida y todos los momentos que había perdido en los dos últimos años por culpa de su insoportable jefe.
Lo que no esperaba era que este se ofreciera a ayudarla a recuperarlos. Y mucho menos que pretendiera vivirlos con ella.
Claro que todo aquello no era más que una estrategia para conseguir que se quedara… ¿O no?






