Hace dieciséis años, ella le esperó doce horas en un andén. Él nunca llegó.

Carmen Ortuño es inspectora urbanística del Ayuntamiento de Valencia: rigurosa, incorruptible y con una sola norma en la vida, la de no volver a esperar a nadie.

Hasta que un lunes a las nueve menos cuatro entra en su despacho Samuel Vidal, el arquitecto irónico con un rotulador detrás de la oreja que la dejó plantada en la Estació del Nord el día de San Juan de 2011.

Ella le paraliza la obra. Él le dice que la están usando.

Porque pared con pared con la obra de Samuel está la Finca del Reloj, un edificio de 1928 en pleno Russafa, con inquilinos de renta antigua y un reloj que lleva casi cien años dando la hora exacta.

Una promotora quiere declararlo en ruina.

Las grietas son demasiado rectas. Y un relojero de 84 años lleva medio siglo apuntando en una libreta cada segundo que se equivoca el péndulo.

Para salvar el edificio, la inspectora y el arquitecto tendrán que trabajar juntos a escondidas, con un perro que se come los documentos oficiales y un pasado que no se puede tachar.

Una comedia romántica de segundas oportunidades, con humor, la noche de San Juan y una familia de personajes que te va a costar dejar. Tercer y último libro de la serie Estudio Mediterráneo, con final feliz garantizado. Se puede leer de forma independiente.

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