Odio a mi jefe. Sueño con besarlo.
¡No! Espera, que me he equivocado.
Sueño con matarlo. Ma-tar-lo. Con deshacerme de él.
Un contrato con cláusulas infernales me ata a este trabajo hasta que él decida despedirme. Y créeme, no tiene ninguna prisa.
¿Mi solución? Hacerle la vida imposible. Que cada minuto a mi lado sea una tortura. Que se arrepienta de haberme contratado.
Pero entonces, justo cuando mi plan empezaba a funcionar, él me propone algo completamente loco:
Pasar una semana en Hawái en la boda de su mejor amigo ¡fingiendo que soy su novia!
Y lo que me dará a cambio: mi libertad.
Fácil, ¿verdad?
Pues no.
Porque nadie me advirtió que el mayor peligro de fingir un romance es que se vuelva demasiado real.







