Elias Blackwood sabe arreglar casi cualquier cosa. Volver a enamorarse no entra en sus planes.

Inglaterra, 1886. Clara Hart llega a Willow Creek con una máquina de coser, sus ahorros y el propósito de abrir una tienda propia. La casa que ha heredado necesita reparaciones. Ella necesita clientas. Lo último que busca es un hombre que decida por ella.

El herrero del pueblo parece comprenderlo.

Elias es reservado, tiene unas manos sorprendentemente cuidadosas y resulta demasiado atractivo para la tranquilidad de Clara.

También está acostumbrado a vivir solo desde que una carta, recibida nueve días antes de su boda, deshizo el futuro que creía seguro.

Un encargo lleva a otro. Después llegan las tazas de té, los paseos junto al río y las ganas de prolongar cada despedida. Clara empieza a descubrir al hombre que se esconde detrás del trabajo. Elias empieza a desear cosas que había aprendido a no pedir.

Pero ella no ha llegado hasta allí para renunciar a sus sueños, y él tendrá que aprender a quererla sin exigirle garantías de que nunca se marchará.

En un pueblo donde todos se conocen, encontrar intimidad será difícil. Atreverse a hacerle sitio al amor, todavía más.

El herrero de Willow Creek abre la serie Hombres que juraron no amar: historias independientes de romance histórico, conectadas por un mismo pueblo. Una novela con humor cotidiano, intimidad sensual y final feliz, que puede leerse por separado.

Comentarios (0)

Escribir reseña
Comentar como usuario