Todo el mundo conoce al monstruo de Dargath, el laird que gobierna el norte con puño de hierro, el hombre que sobrevivió donde otros murían y el asesino cuyo nombre las madres utilizan para asustar a sus hijos.
Yo también conocía su historia.
Por eso, cuando una lanza me arrancó del cielo y desperté bajo su techo, esperaba encontrar al monstruo del que hablaban todas aquellas leyendas.
Lo que encontré fue algo mucho más peligroso: un hombre solo, roto por las pérdidas y acostumbrado a confiar únicamente en un halcón porque hacía mucho tiempo que había dejado de creer en los demás.
Y cuanto más descubro al verdadero Ciaran Dargath, más imposible me resulta alejarme de él.
Porque a veces el mayor error no es acercarse al monstruo. A veces el verdadero peligro es descubrir que, bajo toda esa oscuridad, siempre hubo un corazón esperando ser encontrado.









