Lo encontré medio muerto en el barro y debí haberlo dejado allí. Un guerrero sin nombre en mis tierras nunca llega por casualidad, y menos ahora que el miedo vuelve a recorrer los valles y la bruja de las colinas ha regresado a las conversaciones en voz baja.

Le di refugio y curé sus heridas, pero él respondió con silencios, medias verdades y un pasado que cambia cada vez que intento alcanzarlo. No confío en él, aunque mis hijos lo observan como si lo hubieran conocido desde siempre, y esa certeza infantil me inquieta más que cualquier amenaza.

Porque un hombre capaz de mentir sobre quién es, pero que cubre a mis niños con su manto en mitad de la noche para protegerlos del frío, no es el enemigo que esperaba… ni el peligro contra el que sé cómo defenderme.

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