Un cable con veinte mil voltios y un cable muerto son exactamente el mismo cable. No zumban, no avisan. La única diferencia está en la cabeza de otra persona.
Tasio Mur se cuelga de un poste cada mañana con la palabra de alguien puesta. Hace dos inviernos recibió esa palabra, se saltó un paso por ganar diez minutos, y el que subió fue su hermano.
Delia Solans dio aquella palabra y era verdad. El valle decidió que la culpa era suya. Ahora vuelve a pasar el invierno entero allí, obligada por su propia norma a bajar cada mañana al tajo con la brigada que la desprecia.
Entre el hielo y la bronca, lo que empieza en desprecio acaba siendo lo único que ninguno de los dos sabe parar. Él solo sabe soltar el mando pidiendo permiso con las palabras exactas de su oficio. Ella no adelanta su palabra por nadie: ni por frío, ni por dinero, ni por él.
Y aquella noche había algo más dentro de esa línea. Tasio sabe lo que era. Lleva dos años callándoselo, y el precio lo ha pagado ella.
Novela independiente y autoconclusiva. Romance erótico oscuro. Contenido para adultos.








