En este mundo los vampiros, híbridos y humanos coexisten casi perfectamente en Los Sauces, sin embargo Lia nunca estaría con un vampiro, y tiene sus razones.
El problema empieza cuando Galo y su familia se instalan en la vieja Casa del Precipicio, y empieza a pasar demasiado tiempo discutiendo con un vampiro arrogante, provocador y peligrosamente atractivo que disfruta averiguando cuánto puede acercarse antes de hacerla perder la paciencia.
Entre sangre, fiestas, rumores de pueblo, humor y deseo, Lia tendrá que enfrentarse a una posibilidad incómoda:
descubrir que algunas cosas que siempre creyó insignificantes y otras que siempre creyó aterradoras se sienten muy distintas cuando es Galo quien las hace.






