«Somos nosotros quienes ocultamos la luz capaz de iluminar nuestras vidas, porque a veces nos ciega la ira y no vemos con claridad el camino de regreso a la felicidad».
Madison…
La tarjeta que Dorian me dejó tras destruirme sigue clavada en mi corazón.
«Recuerda… Nunca te perdonaré».
Aquel mensaje no solo puso punto final a lo nuestro. También convirtió mi vida en un desierto de silencio y tristeza. Nos condenó al adiós definitivo, a fingir que todo lo que sentimos nunca existió.
Pero el destino parece tener otros planes.
La traición de Dorian también me ha dado algo que nunca imaginé: la oportunidad de atrapar por fin a Albert y a quienes me han amenazado durante tanto tiempo. Y pienso aprovecharla.
Esta vez no cometeré el mismo error.
Me he prometido no volver a amar jamás.
Duele demasiado.
Dorian…
La he perdido.
Pensé que podría odiarla para siempre, que hacerle daño sería suficiente para arrancarla de mi vida. No quise escucharla. No quise entender su miedo ni sus decisiones.
Fui directo a destruirla… como creí que ella había hecho conmigo.
Pero ahora empiezo a comprender el error que he cometido y el peligro real que nos rodea.
Y ya es demasiado tarde.
Porque Madison ha desaparecido de mi vida y yo soy el único culpable.
Lo peor es que sigo queriéndola.
Y esta vez, si quiero salvarla, quizá tenga que enfrentarme a algo mucho peor que perderla.







