Epílogo
Cinco años después…
MADISON
Entro en palco privado del AT rehizo su vida con una persona maravillosa.
Ya no queda rastro de los puños de Jason Stone en su cuerpo ni en su alma, incluso se cambió el apellido tras la boda.
—¿Dónde están Ernesto y Rachel? —pregunto.
—Ya los conoces. —La voz de Sutton me saca de mis cavilaciones—. Cuando se ponen a trabajar en algo, se les va el santo al cielo. —Sutton resopla—. Pero tranquila, hace diez minutos los he llamado y llegarán a tiempo.
Mis cuñados terminaron el MIT el año pasado con notazas.
Mientras estudiaban fundaron una compañía de creación de videojuegos que les está yendo como un tiro.
Entre la imaginación desbordante de él, las capacidades tecnológicas de ambos y las habilidades de Rachel con la programación, triunfaron con el cuarto juego, y ahora están en la cresta de la ola, su empresa ha subido como la espuma y ellos se han instalado también en Dallas para trabajar en ella día y noche.
Literalmente. Han creado una anarquía en su casa y consiguen pasar casi todas las horas dedicándose a su pasión, que por suerte también es su sueño.
A veces incluso los contrato para dar vida a ideas que antes no había ni imaginado.
Juntos hemos creado algunas Apps muy lucrativas.
Sonrío, niego con la cabeza y avanzo hasta Emily, la tía de Dorian.
En todos estos años no ha rehecho su vida sentimental, pero ha conseguido ser feliz dirigiendo la fábrica propiedad de Ernesto y Dorian, llevándola a lo más alto, y eso vale lo suficiente como para ver su sonrisa perenne.
La abrazo, a ella y al resto de la comitiva.
Sigue viviendo en Elberta, junto a su padre, pero ahora lo hace en la antigua casa de Dorian y viaja un par de veces al mes a Dallas para pasar unos días con nosotros.
Desde que les conté la verdad sobre mi identidad, todos ellos se han vuelto parte de mi familia. Esos dos años que pasé en casa de los Stone me marcaron de una forma permanente.
Una sonrisa nostálgica aflora en mis labios al pensar en los que se fueron, en los de mi sangre, en Simon y en Garrett, en cómo a veces se consigue crear un núcleo familiar sin necesidad de compartir el ADN.
Los saludo en mi mente porque, a pesar de su marcha, perduran en mi corazón y en mi memoria. Y lo harán el resto de mis días.
Una irrupción en la entrada precede los chillidos de Sheyla. Es una niña muy escandalosa y cuando ve aparecer a sus padres, junto a su tío Reese y su tía Emmy, agita los brazos en el aire y grita emocionada para correr a abrazar a los recién llegados de su luna de miel.
¡Cómo han cambiado las cosas!
Hace cinco años odiaba a Reese por cómo había tratado a mi amiga, y ahora, tras una dura carrera de fondo, han logrado dejar atrás todo ese dolor para construir una sólida relación fraternal.
Él se estableció en Dallas, tal como dijo, estudió abogacía en la Universidad de Texas mientras Emmy montaba un estudio de tatuajes, que le va bastante bien. Y ha acabado trabajando en el despacho de Warren con bastante éxito.
Se casaron hace quince días, y han pasado el último par de semanas escalando el Everest, como si ese viaje fuera romántico…
Bueno, ellos sabrán, la verdad.
Los abrazos se suceden, igual que las efusivas anécdotas de sus labios.
Juliette está tan feliz con su hermano, que me parece mentira cómo puede todo dar la vuelta de esa forma y convertir a alguien amargado en una persona mejor tras acudir a terapia y luchar con uñas y dientes contra sus demonios.
Warren es el siguiente en llegar. Y lo hace solo.
Se me encoje el corazón porque mi amigo no tiene demasiado suerte en el amor.
Ojalá algún día encuentre una mujer a la altura, porque desde luego esa Mandy con la que lleva un par de años navegando a la deriva no le conviene en lo más mínimo.
Pero no siempre llueve a gusto de todos, ni la vida te lleva donde querrías o te merecerías.
El sonido de voces se vuelve casi ensordecedor al reunirnos.
Hay abrazos de tíos, de esos que parecen atentar contra su hombría; otros más efusivos entre nosotras, la cacofonía de los niños revoloteando alrededor con emociones diversas, una corriente de ilusión y emociones a flor de piel, y tanto amor que me ensancha la sonrisa.
Hablo un poco con Warren, intento sonsacarle qué ha pasado esta vez, pero él evita contestar, como muchas otras ocasiones ha hecho.
Lo abrazo para reconfortarlo y lo insto a pasárselo bien, a no darle la potestad a esa mujer para destrozarlo.
Aunque, cuando el amor capitanea tus sentimientos, es difícil aplacarlo.
Lo sé por experiencia.
Los últimos en llegar son Ernesto y Rachel. Ambos van un poco desaliñados, como si los hubieran arrancado de cuajo de su trabajo y todavía tuvieran la mente enredada en la programación.
Saludan y no tardan en unirse a nosotros, con la mirada un poco perdida y su atención en otro lugar.
Charlo un rato con ellos acerca de un proyecto que quiero llevar a cabo juntos, pero enseguida me doy por vencida.
No es el momento, sus mentes se han quedado ancladas en el juego que están programando y no hay manera de hacerlas regresar.
Amplío mi sonrisa al separarme de ellos y observar a la maravillosa gente que me rodea un día como hoy. La vida me ha aportado tantísimo…
Me acaricio los tatuajes con nostalgia. Me costó mucho trabajo, pero terminé superando la muerte de mis seres queridos, aceptando su marcha y aprendiendo a recordarlos sin sentir cómo me rompo cada vez que los traigo a mi memoria.
Fueron una parte importantísima de mi pasado, y jamás morirán en mi corazón. Por suerte el destino ha traído nuevos miembros a mi familia y juntos hemos alcanzado una felicidad plena.
Cierro un segundo los ojos, levanto un vaso con José Cuervo y les mando un beso antes de tomar un sorbito, como si pudieran verme desde el lugar donde están.
Después me concentro en mi ahora y siento esa paz tan necesaria para sonreír y disfrutar del día, de la consecución de metas por parte de Dorian, de su grandiosa felicidad.
Hace tres días fue la gala de entrega de premios del MVP de la NFL: MVP Most Valuable Player Award . Los Dallas Cowboys habían ganado su primera super bowl con mi amado Dorian al mando del equipo como quarterback titular, tras unos años de lucha para conseguir el puesto y liderar a los chicos.
Ser mi pareja no le ha reportado ningún beneficio, lo ha obligado a batallar mucho más duro para demostrar su valía, y por fin ha conquistado su sueño de llegar a lo más alto por sus medios y de emular a mi padre al hacerse con el galardón.
Ganar el premio al jugador más valioso de la liga significa muchísimo para él.
Como buena dueña del equipo, y fan número uno de su capitán, hoy les he organizado a mis chicos un partido amistoso para celebrar juntos la victoria del campeonato nacional y el premio.
Quizá por eso las gradas están a rebosar y se respira ese aire festivo que tanto me llena el corazón. También esa debe ser la razón de que casi todos en el palco estén vestidos de punta en blanco. La verdad, nunca se habían arreglado tanto para venir a un partido, pero están todos guapísimos.
Durante unos minutos charlo con mis personas favoritas, juego un poquito con mis hijos, le doy algún que otro sorbo al tequila y me como unos cuantos canapés.
Siento una profunda gratitud por mi destino, por haberme mostrado el camino, por haberme otorgado esta parcela de perfección, donde mi sonrisa se mantiene fija en el rostro por lo mucho que tengo a mi alrededor.