Cádiz —con Nueva Gades— está sufriendo en sus calles el julio más caluroso de las últimas décadas.

Entretanto, la ciudad, convertida en un decorado de cartón piedra por obra y desgracia de un turismo desbocado, sufre una ola de robos desconcertantes en domicilios: sin huellas, sin testigos y sin cerraduras forzadas.

Y cuando nada puede ir a peor, una joven extranjera aparece muerta en una conservera que funciona a medio gas.

Con la comisaría de distrito de Nueva Gades bajo mínimos por las vacaciones estivales, ambas investigaciones recaen sobre las anchas espaldas del subinspector Perico Vélez y del inspector más borde de Cádiz, Brais López.

Pero lo que de inicio son casos separados, empiezan a contaminarse…

Y de fondo, favores viejos, negocios opacos, puertas abiertas con maña y silencios de muerte.

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