Verano de muerte (Brais López 3)
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Capítulo 0 – Pieza de caza 8
En cuanto la puerta se abrió lo supo. Sus ojos negros lo vieron antes de que sucediese. Petrificada, como el ratón ante la cobra, no fue capaz de rebobinar sus pasos y salir.
Su boca de labios rotundos quiso decir que no, sus piernas esbeltas y fuertes pretendieron retroceder, sus oídos leves desearon no haber escuchado la invitación.
Sin embargo, el embrujo de esa mirada, el hechizo de esos gestos calculados, el encantamiento, en definitiva, que rodeaba todo lo que había a su alrededor jugaron en su contra y zancadillearon cualquier atisbo de retirada. Por eso entró. Ni más ni menos.
Acostumbrado el anfitrión a vencer en todos los campos y escenarios, hipnótico y atrayente en sus formas, escondía otra versión que apareció justo en cuanto su mano empujó la puerta y la cerró.
Ella lo vio venir, sí, pero era ya tarde.
Vio entonces su verdadero rostro, ese que afloró incluso antes de que terminara de pronunciar una serie de palabras vanas y vacías, como una letanía absurda. Porque él era capaz de hablar sin decir nada, solo para rodear y ganar la retaguardia.
El sortilegio había sido pronunciado y eso le daba el tiempo suficiente para que la ira hiciera su trabajo. Y la venganza. Y la vergüenza… Y ella… Ella ni siquiera fue capaz de entregar el mensaje.
Unas manos, una tela. Nada más. Sin resistencia aparente. El objetivo no era ella, pero como premio de consolación fue suficiente.
Después, un viaje hacia los confines de su reino.