El 30 de septiembre de 1936, las fuerzas republicanas cerraron el cerco sobre Huesca.Dentro de sus murallas quedaron atrapados soldados, guardias civiles, voluntarios, familias y un puñado de jóvenes que aún no sabían que aquella ciudad de piedra y viento se convertiría en la prueba más dura de sus vidas.

Miguel Serna tiene veinte años, hombros estrechos y una carta a medio escribir en el bolsillo del uniforme.Nunca quiso ser soldado.

Las oportunidades eran escasas en su pueblo de la Hoya de Huesca, y el Ejército ofrecía un sueldo fijo que su familia necesitaba demasiado como para rechazarlo.

Lo que no esperaba era que el destino lo encerrase en una ciudad sitiada durante veinte meses, con las bombas cayendo a catorce pasos y una sola cosa que lo mantuviese en pie: las cartas de Lola.

Carmen Dolores Ferrer —Lola para quien la conoce desde niña— creció jugando en la misma acequia que Miguel.Comparten secretos que ninguno de los dos ha pronunciado nunca en voz alta.La guerra los separó sin que hubieran tenido tiempo de decirse lo que más importaba.Ahora, con un sobre en la mano y el miedo apretándole el pecho, Lola escribe. Y espera. Y vuelve a escribir.

VEINTE MESES DE FUEGO es una novela epistolar construida sobre los méritos acreditados en el Boletín Oficial del Ejército de fecha 2 de julio de 1940.Los hechos militares son reales: los ataques continuos, los bombardeos con más de tres mil quinientos proyectiles en una sola jornada, la aviación enemiga volando hasta catorce horas seguidas, el espíritu inquebrantable de una guarnición que no cedió un palmo de terreno.La ficción existe únicamente para dar voz humana a quienes lo vivieron.

Porque detrás de cada medalla siempre hay una carta que nadie leyó nunca.

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