Un chico que construyó castillos de papel con las puertas bien cerradas, convencido de que el silencio era su única fortaleza.

Un chico disfrazado de rey al que la corona le pesa más que el oro, y que ha olvidado cómo se siente ser solo él.

Y un aroma a vainilla que lo impregna todo, como el hilo invisible que une lo que parecía destinado a separarse.

Dos vidas que chocan sin querer. Dos formas opuestas de habitar el miedo. Y una historia que demuestra que, a veces, las puertas más fuertes no se abren con llave, sino con la certeza de que al otro lado hay alguien dispuesto a esperar.

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