¿Qué sucede cuando un príncipe se enamora del agente encubierto que se hace pasar por su guardaespaldas?

Nicholas

Soy el hermano menor del príncipe de Gales, el príncipe sustituto. Desde el momento en que escalé posiciones en la línea de sucesión, no he hecho más que vivir bajo esta consigna: «Existir. No avergonzar a la Corona. Repetir».

Tras un vergonzoso problema de seguridad, me han asignado como nuevo guardaespaldas a un irlandés enorme y taciturno que me fulmina con la mirada como si hubiese faltado el respeto a sus ancestros o algo.

Que sea la única persona completamente inmune a mis encantos me resulta inconveniente, dado que tengo la costumbre de utilizar mis ocurrencias como mecanismo de defensa.

Ni yo mismo entiendo por qué siento la necesidad de buscar la aprobación del oficial O’Connell en todo momento.

Una gira oficial por Australia y Nueva Zelanda es justo lo que necesito para escapar del invierno británico y disfrutar del sol del hemisferio sur.

Pero no contaba con que representar a la monarquía en las antiguas colonias me llevaría a confrontar verdades incómodas sobre cómo mi familia acabó en posesión de las joyas de la Corona.

Además, la visita sería mucho más agradable si no intentaran asesinarme.

Eoin

Me costó sangre, sudor y lágrimas abandonar los bajos fondos de Irlanda y convertirme en un agente encubierto de alto rango de Scotland Yard.

Pero una profunda brecha de seguridad dentro del cuerpo me tiene ahora investigando a mis propios colegas al tiempo que juego a ser el guardaespaldas de un príncipe mimado durante su gira por Oceanía.

El príncipe Nicholas parece tener la habilidad de crispar todos y cada uno de mis nervios. Aun así, soy un profesional. Puedo lidiar con un capullo pijo que va de listillo.

Entre arrumacos con koalas, lecciones de didyeridú y arañas mortales en habitaciones de hotel, comienzo a entrever a la persona que se esconde bajo la fachada principesca.

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