Capítulo 1 Un rollo anónimo
—Lo que necesitas es un rollo de una noche. —De la nada, sin preámbulos, así es como mi mejor amiga aborda el tema. Nos conocemos desde los diez años, y Jules siempre ha sido así: al pan, pan y al vino, vino y el gazpacho con pepino.
—Sin compromisos, sexo puro y duro —continúa mientras remueve su cóctel y le da un largo sorbo.
—No estoy preparado para volver a tener novio —contesto.
—Para ser profe de Lengua, a veces tus habilidades de comprensión dejan mucho que desear.
¿Te he dicho que te tires a alguien por si luego surge algo más?
Solo he sugerido que eches un polvo, y punto.
—Su voz se eleva al final de la frase, por lo que me giro primero a un lado y luego al otro para asegurarme de que nadie la escucha.
Los demás parecen más preocupados por disfrutar de su cena de sábado por la noche que por escuchar la conversación de la mesa ocho.
Jules me mira con una ceja levantada.
—Nunca he tenido un rollo de una noche —respondo, evasivo.
—Pues ya es hora. De hecho, ¿recuerdas que te ofreciste a escribir un artículo como invitado para mi blog?
¡Ya tienes tema! Rollo de una noche: guía para principiantes .
—Se recuesta en la silla y me dedica una sonrisa triunfal; debe de ser la misma que tenía Napoleón cuando se convirtió en emperador de Francia.
O quizás la que lucía Atila cuando hizo lo que fuera que hiciese que lo llevó a vivir por siempre en la ignominia.
—Yo pensaba escribir sobre la historia del Orgullo en Auckland —digo.
—¿Cuánto ha pasado desde que tú y Preston habéis roto? ¿Cinco meses? —pregunta.
En realidad, cinco y medio, pero me abstengo de dar esa información. Lo de Jules tiene pinta de ser una pregunta retórica.
—Y no te has acostado con nadie en este tiempo, ¿verdad?
Está claro que puede llevar la conversación ella solita. No necesita de mis aportes.
—Imagino que Preston no se estará cortando un pelo —continúa.
Efectivamente, no se está cortando un pelo a juzgar por las fotos que ha publicado en redes. Tampoco es que fuese a comprobarlo más de dos veces. Por día. Desde el día en que se fue.
Su sonrisa ha tomado un cariz malévolo.
—Es más, creo que deberías ir más allá de un simple rollo.
Que sea completamente anónimo. Modifiquemos el título del artículo a Rollo anónimo: guía para principiantes .
Así evitas que tu cerebro se invente cuentos de hadas y quiera convertir al tío que te ligues en tu príncipe azul.
—Se inclina hacia delante y me clava la mirada—.
A ver si logras tener una noche sexi, salvaje, sucia sin siquiera saber su nombre.
Que solo sea intercambiar orgasmos brutales, nada más. «¡A vivir, que son dos días!».
Uno de los motivos por los que su blog se ha vuelto popular con suma rapidez es que Jules tiene el don de crear imágenes a través de la palabra.
De pronto, lo veo con claridad: sexo duro, sucio. Un cuerpo que presiona contra el mío. Bocas desenfrenadas, manos que se deslizan sobre la piel, el placer abrumador que sobreviene al tocar y ser tocado.
A medida que las imágenes se suceden en mi mente, comienzo a sentir un calor que me sube por el cuello.
Sexo. Me gusta el sexo.
Y hace tiempo desde la última vez.
Tengo veinticinco años. Mi vida sexual no debería limitarse a pasar tiempo de calidad con mi mano derecha y el portátil.
Jules no se ha percatado de mi estado de excitación. Como lo note, no me dejará en paz y lo usará como prueba de lo muy necesario que es que le haga caso y eche un polvo.
Por suerte, se ha distraído con otra cuestión.
—¿De dónde sale esa frase de todos modos? ¿Por qué «dos días»?
Parpadeo mientras intento procesar el giro que ha tomado la conversación.
—¿Qué? —pregunto.
—Quiero decir, ¿por qué ese número en concreto? ¿Por qué no son dos años? ¿O diez días? ¿Acaso el dos tiene un significado especial?
—Déjalo, por favor, antes de que esto degenere aún más.
Sonríe.
—Vale, pero solo si te vienes a Pulsaciones esta noche. Quiero que te lances a por el primer tío que veas.
Alzo las cejas.
—¿Que me lance?
—Sí, vas y le dices que te lo quieres follar a lo bestia, como animales.
Siento que me vuelven a subir los colores, por lo que cojo mi cerveza rápidamente y le doy un largo trago.
Cuando apoyo el vaso, Jules aún me observa, expectante.
—Vale —asiento.