TRES HIGHLANDERS. TRES MUJERES QUE NO SABEN CUÁNDO DEJAR DE COMPLICARLES LA VIDA. TRES HOMbrES QUE VAN A ARREPENTIRSE DE HABERLAS CONOCIDO.
Querida lectora:
He de advertirte de algo: mis tres protagonistas tienen un talento extraordinario para meterse en problemas. Los tres Highlanders que se cruzan en sus caminos tienen otro aún mayor: empeorarlos.
Te las presento. Después, no digas que no te avisé.
MARSAILI roba vacas. Y a Highlanders, si se le ponen a tiro.
Es hija de un valle quemado, tiene una espada, muy poca paciencia y una habilidad desconcertante para convertir un robo de ganado en una catástrofe para todo el mundo.
Su última víctima es Diarmad MacKerron, señor de Strath Aird. Posee un castillo, trescientos hombres, una barba cuidadosamente peinada con aceite y una dignidad que considera inquebrantable.
También tiene un pequeño inconveniente: no sabe nadar.
Y Marsaili acaba de llevárselo atado a un toro.
CATRIONA persigue hombres. Es la mejor rastreadora de las Highlands y no acepta que una presa se le escape.
Cailean es un proscrito con demasiadas palabras, demasiadas heridas y demasiados motivos para desconfiar de todo el mundo. Debería seguir huyendo. Ella debería entregarlo.
Pero hay algo mucho más peligroso que un hombre perseguido: un hombre al que empiezas a comprender cuando deberías estar poniéndole los grilletes.
Catriona tiene una misión. Cailean tiene secretos.
Y ninguno de los dos ha previsto lo que ocurrirá cuando dejen de correr.
SORCHA guarda silencio. Y el silencio puede ser un arma mucho más peligrosa que una espada.
Lleva un secreto demasiado valioso para revelarlo y demasiado peligroso para conservarlo. Entonces aparece Murdo, un tintorero con las manos azules, unas tijeras y catorce meses de asuntos pendientes.
Ella sabe lo que arriesga si habla.
Él sabe lo que puede perder si se marcha otra vez.
Y hay cosas que, una vez rotas, no se arreglan con hilo, paciencia ni una buena excusa.







