Ella organiza bodas. Él cuenta ovejas.

Jimena Salcedo canceló su propia boda once días antes de la fecha.

Cuatro meses después hereda una casa vieja en un pueblo de Ciudad Real y baja de Madrid con veinte cajas y un plan de dos semanas: vaciarla, venderla y no volver nunca.

Lo que se encuentra al abrir la cancela son ochocientas dos ovejas, un pastor que dice tener un papel firmado por su tío y una tormenta que se ha llevado el único paso de la cañada.

Veintiún días de obra. Ella necesita la finca vacía. Él la necesita llena.

Lo que pasa en esas tres semanas lo escriben entre los dos en una hoja pegada con celo en la puerta de una cuadra: turnos de agua, cruces, iniciales y un pueblo entero opinando desde la barra del bar.

Una comedia romántica de pueblo pequeño con dos adultos que saben hacer muy bien su trabajo y muy mal lo demás, una niña de seis años que le pone nombre a las ovejas, una alcaldesa que se apunta todos los tantos y un mastín que decide por su cuenta de quién es.

Primera entrega de Majadavieja, una serie de pueblo único con una estación por libro.

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