Hay personas que aparecen en tu vida para cambiarla y otras que regresan para recordarte quién eres.
Markel no esperaba volver a ver a Alain. Desde aquel primer beso que le hizo enfrentarse a una realidad que llevaba tiempo evitando, había aprendido a convivir con la idea de que algunas historias, simplemente, se quedan en un prólogo.
Alain no buscaba reencontrarse con Markel. Solo quería entender por qué, tras recuperarse de una lesión, el surf había dejado de hacerle sentir libre. Necesitaba descubrir si el océano seguía hablándole o si solo se había olvidado de cómo escucharlo.
Pero el mar tiene una extraña forma de devolver a la orilla aquello que parecía perdido.
Lo que comienza como una amistad marcada por el agua y los recuerdos pronto se transforma en un amor capaz de poner a prueba todo aquello en lo que creen.
Porque, a veces, el mayor riesgo no está en enfrentarse a una ola gigante, sino en permitir que alguien vea quién eres cuando dejas la tabla en la arena.
Toda ola termina rompiendo. Algunas, también reconstruyen.
- EPÍLOGO Completar el puzle 28 jul.
- CAPÍTULO 34 A la mierda el mundo 28 jul.
- CAPÍTULO 33 Espero no haberme equivocado 28 jul.
- CAPÍTULO 32 Nuestros aliados 28 jul.
- CAPÍTULO 31 En carne viva 28 jul.
- CAPÍTULO 30 Como un latigazo 28 jul.
- CAPÍTULO 29 Bésame, gilipollas 28 jul.
- CAPÍTULO 28 Jugar en casa 28 jul.






