¿Amante del suspense adictivo?

Me llamo Toni Galán y hasta hace poco me ganaba la vida inventando asesinatos.

Escribía guiones. Mataba gente sobre el papel, cobraba y me iba a dormir tranquilo.

Luego mi vida se rompió en Madrid, me subí a un avión y aterricé en Los Ángeles con la idea de empezar de nuevo. Spoiler: no salió como estaba previsto.

Salió peor. Y mucho más interesante.

En Los Ángeles descubrí que en esa ciudad todo el mundo interpreta un papel. Incluso cuando hay un cadáver de por medio. Sobre todo cuando hay un cadáver de por medio.

En Nueva York me encontré con Anne Miller. O más bien con su ausencia. Una mujer que desapareció hace años y de la que todos habían dejado de hablar. Ese fue mi primer caso de verdad. El que me enseñó que el pasado no se entierra: se aplaza.

Y luego llegó Jax Thorne, el niño rico que se esfumó dejando cien mil dólares retirados del banco y la ropa interior de otra mujer en el coche. La policía cerró el caso en dos semanas. Su novia, embarazada, me pagó por reabrirlo.

Debí decirle que no.

Hay una fotografía en este caso. Una Polaroid. Y cuando la ves, ya no puedes dejar de verla.

Tres casos. Tres ciudades en las que no debería haberme metido. Un socio que pega primero y pregunta después, y una analista que sabe más de mi vida que yo mismo.

Si alguna vez te has preguntado hasta dónde llegarías por salvar lo que has construido, acompáñame.

Yo ya tengo la respuesta. Y no me gusta.

Los tres primeros casos de Toni Galán, reunidos por primera vez.

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