Pack Toni Galán (libros 1-3)
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Introducción. Planificación de un crimen.
A la hora de planificar un asesinato, lo más importante es el modus operandi . Un patrón común que provoque morbo y repugnancia a partes iguales.
En ocasiones, este patrón define a las víctimas.
Otras veces, es justo al revés: las víctimas crean el patrón.
Mi primera «víctima» (enseguida entenderás las comillas) se remonta a una fría noche de insomnio.
Elegí matar a la joven, después de haber sido vigilada en secreto, cuando la ciudad cayó dormida y su hogar estaba silencioso como un fantasma .
El proceso fue meticuloso: un rápido golpe en la cabeza para incapacitarla, seguido de múltiples incisiones precisas que aprendí en un viejo manual de cirugía de mi prima.
La sangre que brotaba del cuerpo de la mujer era un oscuro río de vida que se extinguía.
La segunda fue unos meses después. Alguien me había aconsejado que la clave era ser lo más macabro y carnal posible, así que decidí probar algo diferente.
En esta ocasión fue al aire libre. La víctima estaba en un parque, era una mujer que solía correr todas las mañanas.
Esta vez utilicé un método más elaborado, algo que dejaría a la policía perpleja.
Le administré un sedante y la llevé a un lugar apartado.
Todo fue cuidadoso y premeditado, asegurándome de que cada detalle estuviera perfectamente ejecutado para mantener el anonimato.
Mi madre solía decirme que tenía una imaginación desbordante.
Patricia también me lo decía. No puedo evitarlo, forma parte de mi naturaleza.
Veo una tarta y pienso en una espada. Inmediatamente, mi cabeza salta a una boda; sonrisas y lágrimas de felicidad.
Y luego, un anillo huérfano. A partir de ahí, a volar.
En mi mente se cuela un esbozo de un dedo sin su alianza. Tal vez un dedo cercenado…
Alianzas. Dejémoslas al margen por ahora.
Volvamos a mis primeros crímenes.
Todos ellos eran buenos, pero les faltaba algo.
Entonces descubrí los asesinatos en serie. Y, con ellos, el concepto de patrón.
El patrón es lo que define a un asesino en serie.
Un buen patrón debe ser distintivo, dejar una marca inconfundible para el lector o el espectador.
Puede ser una firma, una forma específica de disposición del cuerpo, o incluso un elemento ritualístico.
Este patrón no solo aterroriza al público, sino que también establece una conexión entre los crímenes, un nexo que los hace ineludibles y memorables.
Como una macabra obra de arte, cada asesinato debe contribuir a un todo mayor, un tapiz de horror que solo el asesino comprende en su totalidad.
La buena noticia es que nunca he necesitado un motivo para perpetrar esas muertes. Tan solo debo asegurarme de que mis personajes cuentan con uno. Y a veces, ni siquiera eso.
¿Qué motivo tenía Hannibal Lecter para comerse a sus víctimas?
¿O Annie Wilkes para secuestrar y torturar a su ídolo literario?
Basta con hacer hincapié en su perfil psicopático y ya tienes vía libre para desatar el terror.
Sí, de acuerdo, alguien podría argumentar que estos villanos sufrieron vivencias traumáticas durante su infancia, y bla, bla, bla…
Habrás leído mil manuales de escritura que así lo aseguran; manuales escritos por estudiosos sin alma.
En mi opinión, son simples adornos para rellenar la ficha del personaje, nada más.
Como decía, puedo permitirme el lujo de matar cada día.
Lo hago desde el teclado de mi escritorio y sin temor a las consecuencias, ya sean legales o morales.
¿Sabes eso que dicen que un escritor vive varias vidas?
Pues, en mi caso personal, como escritor de thriller sangriento, las vidas que he vivido me darían para sumar varios miles de años encerrado en prisión.
Esa inmunidad en el mundo real de lo que plasmo en la ficción solía ser la buena noticia.
La buenísima noticia ahora es que me pagan una fortuna por cada asesinato.
¿Cuánto? Recientemente he descubierto algo: cuanto más sangriento y morboso es el crimen, mayor es la repercusión. Lo que se traduce en mayor audiencia. Lo que a su vez se traduce en… ¡lo adivinaste! ¿Oyes el sonido de la caja registradora?
Un sueño hecho realidad.
Por eso, para llegar a ese punto, es importante planificar, dar con el modus operandi adecuado.
¿Qué? Ah, sí, lo olvidaba…
¿La mala noticia?
La mala noticia es que, desde esta noche, todo lo anterior ha puesto mi vida patas arriba, convirtiendo el sueño en la peor de mis pesadillas.