Paula lleva dos años enamorada de su mejor amiga. Ale todavía no sabe que quizá también está aprendiendo a mirarla de otra forma.

Paula y Ale comparten piso, apuntes, domingos de sofá, fiestas universitarias y una amistad tan íntima que a veces duele respirar dentro de ella.

Para Ale, cuidar de Paula es natural: prepararle cena cuando se olvida de comer, apoyarse en su hombro bajo una manta, buscarla en cada habitación, hacerla reír cuando se encierra demasiado en su cabeza.

Para Paula, cada uno de esos gestos es un pequeño incendio.

Porque Paula sabe cuál es su sitio: amiga, compañera de piso, cronista oficial de las noches imposibles. La chica que baila cerca, pero no demasiado. La que sonríe cuando aparece Nico, el ex de Ale. La que intenta convencerse de que querer en silencio también es una forma de sobrevivir.

Hasta que una noche, un mensaje equivocado, unos celos que nadie esperaba y una verdad demasiado grande para seguir escondida cambian todo lo que creían saber sobre ellas.

En San Griselmo, entre clases de Periodismo, fiestas, trabajos pendientes, amigas que lo ven todo y fotos que ya no hace falta recortar, Paula y Ale tendrán que descubrir si su amistad puede soportar la verdad… o si precisamente estaba esperando a que alguna de las dos se atreviera a decirla.

Nunca imaginé que éramos más que amigas es un romance sáfico universitario de amigas a amantes, con slow burn, doble punto de vista, humor, ternura, tensión emocional y un final pensado para dejar el corazón lleno.

Perfecta para lectoras que buscan romances entre mujeres con mucha química, amistad profunda, deseo contenido, heridas suaves, found family y esa pregunta deliciosa: ¿y si la persona que siempre estuvo a tu lado era también la historia de amor?

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