Nunca imaginé que éramos más que amigas (Sagradas Tentaciones nº 8) CAPÍTULO 25 LA FOTO QUE NO SE RECORTA #2
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CAPÍTULO 25 LA FOTO QUE NO SE RECORTA #2

—Sí. Pero la gente va a tener opiniones igual. Con foto o sin foto. Con mano o sin mano. Otra cosa es cuánto espacio les dais.

No esperaba que Nico fuera a decir algo útil y exacto antes de las doce del mediodía.

—Gracias —digo.

—De nada.

Sandra lo mira.

—Estás muy sabio últimamente. Molesta un poco.

—Intentaré compensar.

Ale se ríe. La tensión baja un poco. Pero la decisión sigue ahí.

Después de comer algo rápido, Ale y yo salimos al patio interior. No hace frío, pero tampoco calor. Hay alumnos en bancos, gente fumando junto a una papelera, dos chicas repasando apuntes en voz alta. Nos sentamos bajo el árbol pequeño de otras veces.

El mismo lugar donde dije aquí no todavía.

Ale parece pensarlo también.

—Lugar simbólico —dice.

—Cada vez tenemos más.

—San Griselmo es pequeño, pero nuestro drama optimiza espacios.

Sonrío.

Luego saco el móvil.

—Voy a escribir a Claudia.

Ale se queda muy quieta.

—Vale.

—Pero antes quiero decírtelo a ti.

—Vale.

Respiro.

—Quiero que la use.

Su cara cambia.

—¿Seguro?

—Sí.

—No tienes que…

—Lo sé.

—Podemos pedirle que la recorte.

—No quiero recortarla.

La frase sale más clara de lo que me siento.

Ale me mira con algo que no sé nombrar del todo. Orgullo quizá. Cuidado. Amor no dicho. O dicho de otras maneras.

—No quiero que una foto donde estamos de la mano tenga que parecer una foto donde no lo estamos —digo.

Ale traga saliva.

—Paula.

—No quiero que sea un anuncio. No quiero subirla yo con corazones ni hacer un comunicado ni contestar preguntas. Pero tampoco quiero desaparecerla.

Ella asiente despacio.

—Vale.

—¿A ti te parece bien?

—Sí.

—De verdad.

—De verdad. Me parece… mucho.

—¿Mucho bien o mucho miedo?

—Mucho las dos cosas.

Me río bajito.

—Buena respuesta.

Abro el chat de Claudia.

PAULA: Puedes usar la foto. Sin recortar.

Tardo un segundo antes de enviar.

Luego pulso.

La frase sale.

El mundo no se acaba.

Claudia responde casi enseguida.

CLAUDIA: Gracias. La usaré con cuidado. Es muy buena foto.

Luego añade:

CLAUDIA: Y estáis muy guapas, pero eso queda fuera del criterio editorial.

Sonrío.

PAULA: Criterio aceptado.

Guardo el móvil.

Ale sigue mirándome.

—¿Bien? —pregunta.

Esta vez no me molesta.

—Sí.

—¿Seguro?

—Sí. Y esta auditoría te la permito.

Se ríe.

Durante un segundo se queda mirando nuestras manos. Estamos sentadas cerca, pero no tocándonos. Luego deja la suya sobre el banco, palma arriba.

La miro.

—¿Aquí? —pregunto.

—Solo si aquí sí.

El patio interior.

San Griselmo.

El lugar del no todavía.

Miro alrededor. Nadie está pendiente. Quizá alguien podría mirar. Quizá Tomás podría pasar. Quizá Dani podría hacer una broma mala. Quizá Beatriz Salvatierra podría materializarse detrás de un arbusto con una reflexión sobre la institución.

Da igual. Pongo mi mano sobre la de Ale.

—Aquí sí.

Sus dedos se cierran alrededor de los míos. No pasa nada. Pasa todo.

Ale

La foto se publica a las seis y veinte. Lo sé porque Sandra grita desde el salón:

—¡YA ESTÁ! ¡CONTIENDO MI EMOCIÓN DE FORMA MODERADA!

Paula está en la cocina conmigo, cortando tomate para una cena que se supone que será ensalada y acabará siendo pan con cosas, como siempre. Me mira.

—Moderada —dice.

—Da miedo cuando usa palabras que no practica.

Vamos al salón.

Sandra está de pie frente a la mesa, móvil en mano.

En la pantalla aparece la galería del acto de la revista digital.

Claudia ha elegido varias fotos: Mendoza en el estrado, la alumna de máster hablando, Beatriz Salvatierra junto a la mesa institucional, un plano general de la sala, Sandra comiendo un canapé con una dignidad discutible que no debería haber pasado el filtro editorial.

—Exijo derechos de imagen por el canapé —dice.

—Te representa bien —respondo.

—Por eso.

Paula está a mi lado, muy quieta. Sandra desliza. Y aparece. La foto. Nuestra foto.

Paula coge el móvil de Sandra para verla mejor. Amplía un poco la imagen. Nuestros dedos aparecen unidos, claros, pero no protagonistas absolutos. Me gusta eso. La foto no grita. No esconde. Deja ver.

—Es bonita —dice Paula.

Suelto el aire. No sabía que lo estaba reteniendo.

—Sí.

—Claudia tiene muy buen ojo.

—Mucho.

Sandra se lleva una mano al pecho.

—Yo también salgo en la esquina, protegiendo el relato.

—Sales amenazando a Dani —digo.

—Lo mismo.

Paula se ríe. Luego me mira.

—No parecemos una cosa rara.

La frase me toca fuerte. Miro la foto otra vez. Tiene razón. Parecemos dos chicas saliendo de un acto universitario de la mano. Una imagen cualquiera. Una imagen enorme. Depende de quién mire. Depende de cuánto mundo te hayan dejado ocupar antes.

—Parecemos nosotras —digo.

Paula sonríe.

—Eso era.

Sandra no llora. Se nota que quiere.

Su móvil vibra en su mano. Mira la pantalla y abre mucho los ojos.

—Adrián dice que la foto es muy buena.

—Qué amable —dice Paula.

Sandra sigue leyendo.

—Y que transmitís una “calma ganada”.

Me quedo mirando a Sandra.

—¿Ese chico habla así por escrito?

—Sí —dice ella, con orgullo y miedo—. Estoy perdida.

Paula se ríe, y yo también, y de pronto el salón se llena de una ligereza que no borra lo que ha costado llegar hasta aquí, pero lo vuelve respirable.

Más tarde, en mi habitación, abro el documento.

Cosas que sé por ahora

Añado:

No todo lo visible se convierte en espectáculo.

Pienso un momento.

Luego escribo:

Paula no recortó la foto.

El móvil vibra.

PAULA: Estoy pensando una cosa.

PAULA: La foto me gusta porque no explica nada.

ALE: Mendoza aprobaría esa lectura.

PAULA: Dice algo sin subrayarlo.

ALE: Como tú.

Tarda un poco en responder.

PAULA: Como nosotras, quizá.

Me quedo mirando la frase. Como nosotras. No necesito añadir nada al documento. La frase ya está guardada en otra parte.