Marbella brilla más cuando nadie pregunta de dónde viene el dinero.

Armand Delacroix no quería estar allí.

Pero una aristócrata preocupada por las deudas de su hijo y por el interés de un poderoso intermediario en las propiedades familiares consigue llevar al detective hasta una Marbella de fiestas privadas, fortunas recientes,

apellidos antiguos y secretos que cambian de dueño con la misma facilidad que las tierras.

Leandro Varela conoce a todo el mundo.

Sabe quién debe dinero, quién compró su silencio, quién construyó su fortuna sobre una mentira y quién no podría sobrevivir a la verdad.

Por eso, cuando aparece muerto durante una exclusiva recepción en Villa Almenara, el problema no es encontrar a alguien que tuviera motivos para desear su muerte.

El problema es que casi todos los presentes los tenían.

Durante un apagón de apenas noventa segundos, varias personas desaparecen de donde deberían estar.

Un heredero arruinado. Una actriz que lleva años ocultando un escándalo.

Un financiero demasiado elegante para explicar sus negocios.

Un constructor acostumbrado a comprar terrenos con pasado.

Un médico que falsificó una verdad muchos años atrás.

Y una mujer que conoce la vida del muerto mejor que nadie.

Todos mienten.

Pero ninguno por la misma razón.

Mientras la policía intenta contener un caso capaz de abrir demasiadas puertas, Delacroix descubre que las mentiras de aquella noche no forman una conspiración.

Forman algo mucho más peligroso.

Una protección involuntaria.

Porque, en una ciudad donde todos tienen algo que perder, nadie necesita ponerse de acuerdo para ocultar la verdad.

Solo necesita protegerse a sí mismo.

Y mientras Delacroix reconstruye aquellos noventa segundos de oscuridad, una pregunta empieza a volverse inevitable:

¿Y si el asesinato no ocurrió cuando todos creen?

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