Ella tiene una pensión a punto de embargo, un gato que la juzga en silencio y cien mil euros ofrecidos por internet a cambio de «un trabajito sencillo».

Él tiene un traje carísimo, una sonrisa de suficiencia insufrible y, sin comerlo ni beberlo, un contrato de asesinato con su nombre.

Melisa nunca ha matado a nadie. Pero entre un cuchillo de cocina, un bote de champú y un coche de alquiler, está a punto de estrenarse.

El problema es que el objetivo le da galletas al perro del quiosquero, se acuerda del nombre de toda la vecindad y tiene la mala costumbre de ponerse encantador justo cuando ella intenta cometer un asesinato.

¿Y si el plan perfecto para salvar su casa se le complica no por falta de oportunidades, sino porque cada vez le sabe peor la idea de dejarlo sin pulso?

Una comedia romántica con más intentos de asesinato que primeras citas y el peor problema posible: enamorarte del hombre al que tienes que matar.

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