Iren solo quería un martini.

Una copa. Una noche. Un desconocido.

Nada más.

Pero confundió a un hombre con el camarero y acabó pasando la noche con él.

Una noche con una sola regla: sin nombres. Sin mañana. Parecía sencillo.

Y el jueves conoce al comprador de la agencia en la que Iren lleva cinco años dejándose la vida.

Cassian Holt.

Multimillonario. Dueño de Meridian. Y, a partir de ese momento, su nuevo jefe.

Lo peor no es que sea el hombre de aquella noche.

Lo peor es que Cassian actúa como si no la conociera.

Perfecto.

Iren puede hacer lo mismo.

Puede hablarle de usted, concentrarse en el trabajo y fingir que no nota cómo él la mira.

Puede ignorar que las reuniones se alargan cuando están solos.

Que el ascensor parece demasiado pequeño.

Y que cada vez le cuesta más recordar por qué aquella noche tenía que terminar allí.

Porque Iren tiene cosas más importantes en las que pensar.

No puede permitirse perderlo todo por un hombre.

Mucho menos por su jefe. Y un padre que aparece en su despacho con un cheque.

Entonces Iren empieza a preguntarse si aquella noche fue realmente una casualidad.

Y si Cassian la ha estado buscando mucho antes de que ella supiera siquiera quién era él.

Mi jefe no pide permiso es una novela completa e independiente de romance de jefe y empleada, con una noche prohibida, slow burn de alto voltaje.

Comentarios (0)

Escribir reseña
Comentar como usuario