En Valdevaivén nadie tiene dirección fija.

Las casas cambian de parcela por la noche y van hacia la persona que su dueño necesita.

Cada mañana el pueblo entero se acerca al tablón de la plaza a leer el plano del día y enterarse de quién ha amanecido junto a quién.

Nadie encuentra raro que una casa cruce la plaza.

Lo que no se perdona es no presentarse a los vecinos nuevos.

Bruna Bellver diseña tiendas que duran seis semanas y se le da muy bien marcharse.

Vuelve al pueblo de su tía con seis cajas plegadas y veintiún días para vaciar una casa, venderla y coger un avión.

Solo hay un requisito: la vivienda tiene que pasar siete amaneceres seguidos en la misma parcela.

La Descalza no aguanta quieta ni uno. Cada madrugada amanece pegada a La Linterna, la casa azul de Tadeo Luján, el cartógrafo que dibuja ese plano y que lleva nueve años sin moverse de su sitio.

Cuanto más lo intentan, peor. Primero los jardines se quedan sin linde.

Después aparece un tendedero para los dos.

Y una mañana hay una puerta entre las dos cocinas que nadie ha instalado.

Una comedia romántica sobre vecinos que lo leen todo, casas con criterio y dos adultos que tienen que aprender a pedir en voz alta.

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